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Las manías de Zagal

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Las manías de Zagal

Metafísica de la calvicie

«El cabello es el templo de los metrosexuales. Con fervor, los nuevos narcisistas pueden esculpir un peinado digno del mismísimo Elvis Presley». Así pensé comenzar este artículo; pero de inmediato caí en la cuenta de un detalle. Desde hace años,…

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Seducción es amor sin brillo

Me topé con un libro que explicaba cómo conquistar a las chicas en un dos por tres. No era un bestseller de cafetería. Se trataba de El arte de amar de Ovidio, uno de los poetas más reconocidos de la antigua Roma. Su lema: «Ten confianza; todas son conquistables».

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Los peligros de usar la cabeza en el futbol

A pesar de sus oropeles, el soccer es una transfiguración de la guerra. Su objetivo es golear al contrario, comandado por un capitán. El trabajo en equipo está al servicio del triunfo sobre el adversario. En cierto sentido, el futbol tiene una vocación más bélica que la esgrima, pues ésta tiene más de duelo que de batalla.

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Metanfetamina de hermoso color azul

Mis amigos que viven en Estados Unidos me lo repiten continuamente, «la clase media mexicana tiene una idea falsa de cómo se vive en Estados Unidos». En efecto, la seguridad social prácticamente no existe en aquel país. Eso significa que en la vejez y en la enfermedad uno se debe rascar con sus propias uñas. En esos duros momentos, se revela que las aseguradoras son negocios, no almas de caridad. ¿Quién puede recriminárselos? Son empresas privadas. ¿O no? Business are business. Una situación semejante es la que retrata Breaking Bad.

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Antes de las «Manías»

Publiqué mis primeros dos artículos en Istmo, cuando era un joven profesor. Uno trataba sobre Nieztsche (número 164), el otro sobre el arte barroco mexicano (número 163) que, como ustedes saben, es una de mis aficiones. No sé cuál de ellos fue el primero; revisaré en mis archivos. Lo importante es que llevé mi manuscrito y se lo entregué a alguien de la redacción. Transcurrieron algunas semanas de silencio. Finalmente, tras pedirme pequeñas correcciones, aceptaron mis textos. Me pondré un poco cursi, pero ese hecho sí que marcó mi vida. Descubrí que me gustaba escribir.

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Escritores en prisión. Comprometidos, bajo cero o entre cerdos

Ser escritor entraña grandes peligros, enormes riesgos, terribles amenazas. Quienes escribimos, nos jugamos la vida. Yo, por ejemplo, sufrí el síndrome del túnel metacarpiano hace algunos años. El médico me inmovilizó la mano durante un par de semanas. En esos momentos duros, me porté como un héroe de la Ilíada. A pesar de mi sufrimiento infinito, seguí escribiendo con la mano que me quedaba sana. Soy, sin duda, un escritor comprometido con mis lectores.

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