El presidente saliente fue muy efectivo en recuperar a la economía de EU de una gran crisis, pero deja una abultada deuda. El entrante podría ser muy efectivo en impulsar el crecimiento, pero su política comercial quizá cause graves daños a la economía.

La difícil transición presidencial en Estados Unidos nos invita a reflexionar tanto del legado económico del presidente Barack Obama como de los retos en esta materia que enfrentará Donald Trump y la forma probable en la que éste pudiera cambiar a la mayor economía del mundo. Analizaremos sólo algunos de los rasgos más importantes de la presidencia de Obama en el plano económico y delinearemos lo que probablemente sucederá en Estados Unidos y el mundo en los próximos cuatro años.

CLAROSCUROS DE OBAMA
Un primer punto es que Barack Obama tomó las riendas de Estados Unidos en medio de una crisis económica grave. De hecho, la Gran Recesión, como se le ha llamado, es considerada como la mayor crisis económica en ese país desde la Gran Depresión de 1929. El presidente, que inició su periodo el 20 de enero de 2009, enfrentó la crisis con un fuerte estímulo fiscal aprobado por 787,000 millones de dólares, aunque esta cantidad se revisó al alza posteriormente.

Es muy difícil evaluar el impacto de este tipo de medidas, porque no se conoce qué hubiera pasado bajo escenarios alternativos; lo que sí sabemos es que la combinación de este y otros estímulos fiscales, de una política monetaria que impulsó el crecimiento económico y de rescates a bancos, aseguradoras y empresas del sector automotriz, ayudaron a evitar lo que se temía en ese momento: que la economía de EU sufriera otra Gran Depresión.

En el plano coyuntural, Obama deja a la economía norteamericana en buena forma. El último dato de crecimiento trimestral muestra una sana expansión a una tasa del 3.2% anualizada, mientras que la economía se encuentra plenamente recuperada de la recesión. Tal vez el mejor indicador de esto sea que, después de haber alcanzado un máximo de 10% en octubre de 2009, la tasa de desempleo fue de 4.6% en noviembre de 2016. Sin embargo, más allá de lo coyuntural, es importante evaluar la situación estructural de Estados Unidos. En este sentido, surgen naturalmente ciertas preguntas: ¿Sigue siendo la economía líder a nivel mundial? ¿China le ha arrebatado este liderazgo o lo hará pronto? De hecho, el lema de campaña de Trump, hacer a (los Estados Unidos de) América grande de nuevo, sugiere que se ha perdido la gloria del pasado, ¿es así?

La respuesta es claramente controversial, algunos elementos sugieren que Estados Unidos sigue liderando la economía mundial y lo seguirá haciendo en el futuro próximo. Si bien es cierto que la economía China ha crecido de forma impresionante en las últimas décadas y que ahora es la segunda economía más grande del mundo, también es cierto que se encuentra todavía lejos de la estadounidense. Mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) de EU fue de poco más de 18 billones de dólares en 2015, en China esta cifra fue de poco más de 11 billones de dólares, una diferencia de 64%. Aún más importante es el tema de la productividad. La producción por habitante en la economía estadounidense hace palidecer a la asiática. China produce 15.1% del PIB mundial, una cifra impactante, pero lo logra con el 18.7% de la población mundial. Mientras, Estados Unidos produce el 24.8% del PIB con el 4.4% de la población.

Además, es bien conocido que la economía actual se basa en la información y el conocimiento. En este sentido, la calidad de las universidades en EU es indudable. La consultora ShanghaiRanking, en su listado de las mejores universidades de 2016, ubica a ocho estadounidenses entre las primeras 10 y a 31 entre las primeras 50 a nivel mundial. Por otro lado, la creación de nuevas empresas y la innovación también determinan la fortaleza de una economía. El liderazgo de Silicon Valley en este rubro es muy claro. La mayoría de las empresas dominantes con base en las nuevas tecnologías son estadounidenses, ejemplos claros son Apple, Alphabet y Amazon.

En resumen, la presidencia de Barack Obama hereda una economía fuerte estructuralmente y con un buen dinamismo en lo coyuntural, aunque también hay políticas económicas de este presidente que han deteriorado o pueden afectar el funcionamiento económico del país. Destacan un aumento en la regulación y el elevado nivel de deuda pública, que se incrementó de 73.5% del PIB el último trimestre de 2008 a 104.8% al tercero de 2016.

Si bien es cierto que la fortaleza de la economía estadounidense no se construyó en sólo ocho años, habría que reconocer que se han logrado mantener sus fundamentos. A pesar de esto, algunos de los logros del presidente 44 de Estados Unidos se han puesto en riesgo con la victoria de Donald Trump. Tal vez el más notorio sea el esfuerzo para que la economía fuera no sólo fuerte, sino también sustentable. Trump parece estar dispuesto a construir un país con fundamentos económicos muy diferentes a los de Obama.

BENEFICIOS Y RIESGOS DE TRUMP
Donald Trump hereda una economía en buena forma y envidiable en varios sentidos, aunque no por eso deja de presentar varios retos como: asegurar el crecimiento y el empleo suficiente en el largo plazo, incrementar la productividad de la economía, hacer compatible el crecimiento con el cuidado del medio ambiente, enfrentar los desafíos que presentan las nuevas tecnologías (como la inteligencia artificial), controlar la deuda pública y mantener el liderazgo económico mundial.

Los primeros tres retos coinciden con algunos identificados por Barack Obama en un artículo que escribió para la revista The Economist,1 en el que analiza justamente los temas pendientes en el tema económico que su sucesor tendría que enfrentar. A continuación se analizarán estos retos, considerando qué tan preparado se encuentra Trump para superarlos con base en las declaraciones que ha hecho hasta ahora.

Primero, para Estados Unidos es particularmente importante asegurar que todo aquel que busca un empleo sea capaz de conseguirlo, debido a la convicción en ese país de que la prosperidad la debe construir cada persona con base en el trabajo. Para que exista empleo suficiente se debe mantener el crecimiento de la economía, lo que básicamente se resume en lograr incrementos constantes en la productividad. De esta forma, los primeros dos retos mencionados en realidad están estrechamente unidos.

La productividad es tarea del sector privado. Las empresas tienen que lograrlo con base en la inversión y la investigación; sin embargo, el gobierno debe poner ciertas bases para la productividad, principalmente al dar certeza en los derechos de propiedad y establecer los incentivos adecuados. Una empresa difícilmente hará una inversión importante, con los riesgos que estas inversiones siempre traen aparejados, si no está razonablemente segura de que los posibles beneficios los gozará ella misma. Para esto es indispensable un fuerte Estado de Derecho, una regulación y un sistema fiscal adecuados. También la educación juega un papel importante en el fomento de la productividad.

En cuanto a la promoción del crecimiento y la productividad, Donald Trump se perfila de forma satisfactoria. Por un lado, ha propuesto disminuir considerablemente la regulación a la que están sujetas las empresas. Aunque la regulación es necesaria, es conveniente minimizarla hasta donde sea posible para no obstaculizar el desarrollo empresarial. Por otro lado, el nuevo presidente buscará disminuir los impuestos corporativos y repatriar capitales ofreciendo una tasa preferencial, lo que también puede servir para aumentar la inversión. Además, se han planteado importantes inversiones del sector público en infraestructura. Por último, la elección de Betsy DeVos en educación, quien ha promovido fuertemente el sistema de vouchers educativos, podría impulsar este sistema, que introduce elementos de libre mercado en la educación pública. Esto podría traer ciertos beneficios, aunque no es una solución mágica, por lo que se deben implementar también otras mejoras en la educación.

El reto de compatibilizar el crecimiento económico con el cuidado del medio ambiente es global. Si no se encuentran formas de crecer dañando menos al entorno natural, se creará un problema grave de sustentabilidad que acabará por afectar también a la misma economía mundial. Estados Unidos es el país que más recursos naturales ha estado consumiendo y contribuye fuertemente a la contaminación global, por lo que los esfuerzos que haga ese país en este sentido son muy importantes.

Desgraciadamente, Donald Trump no parece entender la gravedad del problema medioambiental y lo más probable es que deshaga muchos de los logros de la administración de Obama en este sentido. Por un lado ha propuesto eliminar varias restricciones que presenta la producción energética, lo que puede ser bueno para el crecimiento pero negativo en sus efectos contaminantes. Por otro lado, la elección de Scott Pruitt, quien es un escéptico del calentamiento global, como director de la Agencia de Protección Ambiental es un mal augurio para la sostenibilidad mundial.

El desarrollo de nuevas tecnologías puede promover un alto crecimiento en la productividad y ayudar fuertemente al crecimiento en la economía norteamericana pero también presenta importantes desafíos, tanto económicos como éticos. Aquí se hará énfasis en uno de estos desafíos, particularmente importante para la economía: el empleo. Varias empresas que se han creado de forma relativamente reciente en Estados Unidos han logrado generar ingresos y valor de mercado similares a los de otras grandes empresas, pero con una mucho menor proporción de empleados y con una inversión mínima en activos. Algunos ejemplos sobresalientes son Facebook, Airbnb y Uber y seguramente habrá más en el futuro.

A todo lo anterior habrá que agregar que el desarrollo de la inteligencia artificial podrá lograr que las máquinas hagan varios de los trabajos que actualmente desarrollan las personas, lo que cambiará el tipo de trabajos disponibles. El reto para el gobierno es importante para regular las nuevas relaciones laborales, para promover el desarrollo de nuevas habilidades en los trabajadores y ajustarse a las nuevas realidades impuestas por la tecnología. Está por verse si la administración de Trump estará a la altura de este importante y cambiante desafío.

Otro reto que deberá enfrentar el nuevo presidente será el de la deuda pública. Recordemos que se usaron políticas fiscales de aumento de gasto y reducción de impuestos para combatir la recesión en 2008 y 2009, con lo que la deuda pública se encuentra en niveles superiores al 100% del Producto Interno Bruto. Este nivel de deuda no le ha provocado problemas importantes a la economía estadounidense, pero eso no significa que no se deba disminuir el endeudamiento.

En este sentido, lo más probable es que Donald Trump agrave el problema en lugar de solucionarlo. Ya se comentó que ha propuesto una disminución de impuestos empresariales y un incremento en el gasto de infraestructura, lo que puede impulsar el crecimiento, pero también aumentar la deuda. Cabe recordar que el partido Republicano siempre ha buscado mantener bajo el nivel de endeudamiento y ahora tendrá el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Habrá que ver si pueden recortar el gasto en otros rubros diferentes al de infraestructura para controlar el apalancamiento de la economía.

Por último, el tema del liderazgo de la economía estadounidense a nivel mundial depende de que se enfrenten con éxito los retos mencionados, pero también que no se generen nuevos problemas o se intente resolver un desafío inexistente. Por ejemplo, Donald Trump ve en el déficit comercial de la economía de EU un problema, cuando en realidad no lo es. Tan malo puede ser dejar de ocuparse de un reto real como el medio ambiente, como ocuparse de uno irreal como el déficit comercial. Peor aún, si se hace de una forma particularmente dañina, como lo ha propuesto Trump, con el repudio a tratados comerciales y el proteccionismo. Según el Peterson Institute for International Economics2, una guerra comercial con China y México le causaría a Estados Unidos una pérdida de empleo de más de 4% (4.8 millones de empleos privados) en 2019.

Desgraciadamente, es difícil saber cuáles de las promesas de campaña del nuevo presidente se cumplirán y cuál será el énfasis de su administración. El discurso inaugural y las primeras acciones que se tomen serán importantes para hacer una valoración más certera de lo que viene hacia adelante. Aunque esta información no está disponible al momento de enviar este artículo a imprenta, invitamos al lector a escanear el código QR que aparece en la portada para ver un video en el que comento y analizo los sucesos más recientes en Estados Unidos.

 

Notas finales
1 The Economist. “Barack Obama. The Way Ahead”. 8 de octubre de 2016.
2 Noland, Marcus; Hufbauer, Gary C., Robinson, Sherman y Moran, Tyler. “Assesing Trade Agendas in the US Presidential Campaign”. PIIE Briefing, Peterson Institute for International Economics. Septiembre de 2016.

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