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Productor de empresa y de arte. Presidente de los laboratorios Kenner, helados Dolphy y el restaurante Brunapoli. Fundador de la Academia de Artes de Florencia y Woo films.
Estudios: Licenciado en Negocios Internacionales (Universidad Anáhuac). Diplomado en Marketing (Thunderbird School of Global Management, Phoenix). Executive MBA (IPADE). Cursó el programa de Medios y Entretenimiento del IESE en Nueva York. OPM por la Universidad de Harvard.
Frase favorita: «La distancia que hay entre la persona que eres y la persona que quieres ser está en lo que haces».
Libro favorito: El principito, Antoine de Saint-Exupéry
Edad: 39
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Lo que hace la diferencia en el mundo no se puede medir con dinero. Invertir en el arte abre la puerta para construir un mejor país.

Para ti, ¿el emprendedor nace o se hace?
Yo pienso que nace. Me he topado con personas que desean emprender, pero no tienen en su ADN el riesgo necesario. Ahora, no quiere decir que si no naciste con “el gen emprendedor” estás perdido, creo que lo puedes hacer, sólo que no con la naturalidad de quien “nació para ello”.

La acción de emprender exige que se haga por los motivos correctos, que no son económicos. Pienso que si se emprende es porque se vive la pasión por hacerlo. Un emprendedor suele ser entusiasta y entregado, ambas cualidades no se aprenden, se tienen o no. Quizá las desarrolles a lo largo de la vida, pero en principio las traes en tu ser.
Este “gen” que te impulsa, te permite tomar riesgos y transformar entornos también se relaciona con el liderazgo. El emprendedor es un líder que debe “mover”, “convencer” y “apasionar” a muchas personas.

Por otro lado, he conocido personas que emprenden por necesidad y les ha ido muy bien en ello.

¿Qué te mueve a emprender nuevos negocios?
En el fondo soy un artista frustrado. Siempre quise ser músico, y por tener un padre exitoso en los negocios, no me atreví a revelarme ante la estructura que había en casa.

Comencé a explotar mi espíritu creativo en la empresa; sin embargo, cuando murió mi mejor amigo, viví una epifanía. Comprendí que la vida es muy corta como para dedicarte a algo que no te llena. A pesar de que me estaba yendo bien en los negocios y podía seguir construyendo un carrera tradicional, me di cuenta que mi vida era un poco miserable, y necesitaba dedicarme a lo que me apasionaba.
Decidí delegar mis negocios (principalmente un laboratorio farmacéutico, una empresa de helados y algunos restaurantes) a personas mucho más capaces que yo, para dedicarme a emprender dos negocios que me apasionaban: la Academia de Artes de Florencia y la productora de cine Woo Films. Al echarlas a andar descubrí que llegar al arte con las herramientas que adquieres al hacer negocios, te ayuda a tener resultados impresionantes.

Al desarrollar proyectos artísticos te enfrentas al reto de inspirar a los artistas, que es mucho más complicado que inspirar ejecutivos, porque se mueven por objetivos distintos. Suele pasar que empresas de cine, teatro o danza no funcionan porque no encuentran el balance perfecto entre arte y negocio. Saber balancear ha sido mi ventaja.

Puedo decir que mi vida empezó a tener sentido desde que me dedico a lo que me apasiona.  Para mí el arte es una forma de trascender, dejar un legado en México y a la vez sensibilizar al país. Nuestro mundo globalizado y consumista no nos permite encontrar un tiempo para pensar y sentir, sin embargo podemos encontrar ese espacio en el arte, éste es el legado que quiero dejarle a mi país. Personalmente, no me interesa que mis hijos me juzguen por si hice un peso más o menos, sino por mis acciones en favor del arte en México. Por eso mi atención se centra en la Academia de Artes de Florencia y en la productora de cine Woo Films.

¿Te describirías a ti mismo como el “Cosimo de’ Medici del siglo XXI”?
No, esos zapatos no se llenan tan fácilmente, aunque sí lo tomo como guía para inspirar a los demás. Por ejemplo, a través de un amigo filántropo americano, conseguí comprar el Stradivarius del Vaticano con el objetivo de inspirar a México, esto es lo que más le hace falta a nuestro país: inspiración. Nosotros prestamos el Stradivarius para que sea tocado, de esta forma el arte no está en un museo, sino en las manos del artista. Esto ayuda a los músicos del país, quienes se sienten a la altura de grandes cosas. El instrumento hoy está en un tour por Alemania en un evento dedicado a Bach.
De los grandes mecenas de la historia he aprendido que es necesario poner tu granito de arena para inspirar a los artistas. Pero no soy un mecenas, aspiro a serlo.

¿Consideras que en México existe un mercado para el arte?
El mercado está, lo que no hay es oferta. En las calles hay mucha cultura: comida, vestuario, música, pintura, artesanías… Estamos acostumbrados a ella, pero no la identificamos porque nadie nos ha guiado o puesto el tema en la agenda educativa como un punto prioritario.

Me duele mucho ver a grandes músicos peleando por sobrevivir con un sueldo mínimo y esto es porque no hay una valoración artística. Es muy difícil competir con otros medios (como el futbol) y atraer a las personas. Descubrí que a la gente le gustaba la música considerada como “culta” cuando fui a un concierto en Bellas Artes y estaba lleno de personas de un nivel socioeconómico medio y que saben mucho. En Europa, la música clásica sí es un estilo de vida de la clase alta. En México, es para todo el pueblo.

¿Cómo surge la Academia de Artes de Florencia?
Hace 15 años produje algunas obras de teatro, bandas de rock y residencias artísticas de pintores. En todos mis esfuerzos perdía dinero, pues aunque eran proyectos interesantes, no estaban institucionalizados, se enfrentaban a los retos que el internet le imponía a la música y a la venta de discos.

Estaba cansado de perder dinero y por accidente conocí al fundador de esta academia en Italia, Fabio Caselli. Me contó su esfuerzo por hacer crecer y consolidar la academia más importante de Italia y yo le compartí mi experiencia errática tratando de hacer arte en México. Nos hicimos amigos y se nos ocurrió traer la Academia de Artes de Florencia a nuestro país.

Comenzamos por realizar un estudio de mercado, cuyo principal hallazgo fue que en México no existe una oferta formal a nivel cultural; sin embargo contamos con una demanda y un talento increíble. Sorprendentemente nos encontramos con una demanda no cubierta. Por lo general, en cualquier negocio, producto o servicio hace falta una diferenciación muy grande para entrar en el mercado. En nuestro caso, no había otro servicio como el nuestro.

Por ello nos trajimos la Academia, que se distingue de un conservatorio, pues no ofrecemos sólo música clásica, y de una escuela de música, pues no sólo enseñamos música contemporánea. Nuestra Academia reúne los dos mundos además ofrecemos clases de danza, actuación y cine. La intención era hacer una pequeña ciudad cultural.

Llevamos tres años funcionando y ya contamos con sesenta estudiantes de licenciatura profesional y doscientos cincuenta de cursos y talleres, entre ellos hay niños y abuelos.

El esfuerzo ha sido muy grande, pues para lograr la rentabilidad de un negocio artístico hace falta paciencia. Mi mayor satisfacción es ver a nuestros alumnos en alguna presentación, ahí descubro que vamos por el camino correcto. Estamos formando una comunidad, la Academia se está posicionando. En el arte el respeto se gana día a día, y cada paso nos acerca a convertirnos en la academia que deseamos, el camino todavía es largo pero tenemos la pasión para seguir aguantando los obstáculos.

¿Consideras que hacen falta más empresarios que, como tú, apuesten por el arte?
Yo creo que lo que hace la diferencia no se puede medir con dinero. Sensibilizar a los niños y abrir la cabeza a través del arte permite ser más exitoso en los negocios. Hay cosas que no se explican, pero se sienten y cambian la vida: la escena de una película, un concierto, tocar la guitarra alrededor de una fogata… Esos momentos no se olvidan, inspiran y mantienen vivo.

En mi opinión, “hacer sentir” a un país es muy loable. Por supuesto que los negocios tienen que ser completamente rentables y enfocados a ser eficientes, pero si destinamos parte de los dividendos al arte, el impacto puede ser altísimo.

Ningún empresario me dejará mentir, en ocasiones uno no decide dónde perder dinero; quizá un empleado o un ejecutivo se equivoca y sin darnos cuenta ya perdimos el veinte por ciento de las utilidades del año. Mi idea es decidir dónde “perder” algo de dinero, pero impactar positivamente al entorno. Al final del día se convierte en una inversión.

Tú creciste en el seno de una empresa familiar. ¿Qué tan difícil fue alejarse de la “estabilidad” que ésta brindaba para emprender una empresa nueva?
No es difícil cuando prefieres ser rico en lugar de rey, es decir, cuando decides poner a otro que es mejor que tú en la empresa. De esta forma, los negocios están mejor sin ti y tú puedes dedicarte a ti pasión. Claro, es importante siempre supervisar y jamás delegar la parte de “crear” nuevas apuestas y emprender. Cuando lo entendí para mí fue muy simple. Hoy me siento más consolidado que nunca.

En mi opinión la vida es un balance: trabajo-familia, familia-persona, etcétera. Los negocios no se escapan de este tema, debe existir un balance, pues debe haber generación de empleos, creación de buenos productos, competitividad y a la vez, se debe hacer sentir al país, porque, ¿de qué sirve el dinero si no sientes?

Se dice que en plena guerra le pidieron a Winston Churchill eliminar el presupuesto de cultura, a lo que él respondió: “por supuesto que no, porque si no ¿para qué estamos peleando?”. Es lo mismo, para qué hacer más dinero si no se tiene en mente el cariño a la sociedad.

¿Por qué tender un puente cultural entre Florencia y México?
Europa, por herencia, es la madre de las artes, y México, aunque va por buen camino, tiene mucho que aprenderle. Un ejemplo de ello son nuestras orquestas que, aunque avanzan a pasos agigantados, aún están lejos de una orquesta europea. Por ello es necesario tender este puente, nosotros contamos una vez al mes con algún músico europeo que dé una clínica en la Academia.

De Europa también debemos aprender la disciplina, cuando hemos traído a profesores de allá, al llegar a México piden ir a ensayar, a pesar del cansancio del viaje. En la música se dice que si un día no practicas, tú lo notas; si son dos, tu maestro lo nota; si son tres, el público lo nota.

¿Cuántas empresas has echado a andar y cuántas de ellas han sobrevivido?
He creado 8 negocios, he quebrado 3 y he sido exitoso en otros 3. Estoy convencido de que siempre al emprender un negocio, éste te cuesta el doble de dinero de lo que piensas y te lleva el doble de tiempo del que esperas.

En mi vida emprendedora he tenido dos hallazgos increíbles, que fueron posibles gracias a que le aposté a mi pasión y no a los números, en otras palabras: la pasión sobrepasó al business plan. Uno de ellos es la productora de cine Woo Films, en la que invertí prácticamente convencido de que no sería negocio, pero la pasión de los fundadores me hizo apostar por el proyecto y hoy es una de las casas productoras más importantes de México. El mismo ejemplo lo viví en una cadena de pizzas en Santiago de Chile.

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