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Entre mis amigos escritores, calificar un libro como best seller es casi un insulto. Aunque todo escritor aspira a que sus obras se vendan muy bien, hay cierto recato, una prevención contra el éxito comercial. La discriminación al best seller tiene cierto fundamento. Basta mirar la sección de libros de autoayuda o de novelas rosa para quedar horrorizado.

A nadie le gusta leer un libro predecible; es un insulto a la imaginación. Tal vez por eso las historias caóticas se han vuelto populares. Los lectores están ávidos de sorpresas. El público lector adora un sorpresivo twist en la historia. El no-lo-vi-venir es la joya de la corona de cierto tipo literatura.

Todos buscamos sorpresas. Cuentan que la capacidad de admiración es el inicio de la filosofía. Lo sorprendente, lo extraño, el conocimiento nuevo, la curiosidad conmueven a la inteligencia. Pero esto que se afirma de la filosofía, también se puede decir de la literatura y del cine.

Nos encanta que alguien nos revele los secretos más oscuros en las formas más inesperadas. Develar un secreto da pie a buenas historias para la literatura, el cine y, también, para la filosofía. Sin embargo, no queremos que el héroe de la historia aparezca de repente, salido de la nada. También nos molesta que el villano del relato explote súbitamente en mil pedazos. Esa es una de las diferencias entre una telenovela cursi y una obra maestra. La secuencia del relato, la lógica y la coherencia hacen verosímil la historia. A los seres humanos nos gustan las sorpresas siempre y cuando sean creíbles y no una tomadura de pelo.
En las telenovelas baratas, el héroe, pobre y de buen corazón, se gana la lotería en el mismo capítulo en que su antagonista, el millonario desalmado, pierde la vida en un accidente. Deus ex machina se llama a este truco: una intervención artificial y forzada. Este tipo de historias inverosímiles pueden servir de consuelo, escape, evasión; pero dejan insatisfecho al lector más crítico.

 

EL LECTOR INTELIGENTE
Y les cuento esto, porque acabo de advertir que en 2015 dejé pasar el aniversario 125 del nacimiento de Agatha Christie. Demos una hojeada a sus novelas. Se trata, junto con Shakespeare y la Biblia, de las obras más vendidas de la historia en Occidente. Su éxito radica en su simplicidad: historias policíacas en las que el lector siempre sabe que el bueno ganará. Es una épica sencilla y optimista. El bien triunfa sobre la felonía. Pero también hay sorpresas. Agatha Christie trata a sus lectores como personas inteligentes. Su obra nos invita a prever el desenlace. Es un pequeño reto intelectual. Uno camina junto con el detective para desentrañar el misterio.

A pesar de la «receta», siempre hay sorpresas. El final inesperado es una institución literaria y Christie podría ser su institutriz. Con todo, nunca veremos en su obra que Miss Marple salte de un helicóptero para salvar el día o que Hércules Poirot resucite de entre los muertos para resolver el misterio (Spoiler Alert: excepto en Los cuatro grandes). El desenlace en cada una de sus novelas es sorprendente, pero no absurdo. Incluso el audaz cierre de Diez negritos es razonable.

 

¿LECTURA PARA MEDIOCRES?
Ciertamente, la facilidad de lectura puede mezclarse con la mediocridad narrativa. Una narración lineal es más fácil de leer que una historia en la que se dan saltos temporales. Los huecos en la historia pueden provocar intelectualmente a algunos lectores; pero en la mayoría de los casos, lo repelen. Al menos en mi caso, me cansan las narraciones que no son lineales o cuya trama es abstracta y borrosa. Conforme envejezco, prefiero más y más las historias bien contadas.

Lo sorprendente en la obra de Christie es que una narración lineal y completa culmine en un final inesperado. Su narrativa no juega sucio con el lector. En la mayoría de los casos, la autora nos proporciona datos suficientes para que los lectores resolvamos el misterio. Les confieso que en muchas ocasiones he intentado escribir novela de detectives y una y otra vez advierto su dificultad. Plantear problemas y desenredarlos requiere grandes destrezas narrativas.

La cantidad de obras vendidas de Christie supera los dos mil millones: años de ventas consistentes, desde su publicación hasta nuestros tiempos. ¿Cuáles de nuestros best sellers actuales lo seguirán siendo en veinte años?

 

EL BIEN TRIUNFA ENTRE LA PORCELANA
El encanto de las novelas de Christie procede también de un tono moralizante. Disfrutamos cuando el villano obtiene su merecido. Nos gustaría que la vida real fuera como en las novelas épicas de detectives. Este es uno de los motivos por los que las series de policías en televisión siguen teniendo audiencia. Nos rehusamos a que la injusticia tenga la última palabra en la vida. Los detectives son los caballeros andantes de la sociedad burguesa; ellos se encargan de que los culpables, sean pobres o ricos, aristócratas o plebeyos, rindan cuenta de sus acciones.

La ambientación aristocrática de la mayoría de sus novelas también resulta muy atractiva. Los lores y ladies desfilan entre venenos y manchas de sangre. El éxito de la serie de televisión Downton Abbey es una apuesta similar. Nos fascina ese mundo de plata, porcelana y encajes. Así como las niñas pequeñas disfrutan de las historias de princesas, a los adultos nos divierte asistir con la imaginación a las cenas de gala, donde los comensales visten de etiqueta y beben oporto. Agatha Christie explotó este afán por conocer los laberintos de los palacios y casas de campo inglesas. Sus novelas, lo reconozco, me recuerdan un poco el Hola y todos los reportajes de glamour.

La atracción por tal ambientación tiene, evidentemente, un componente de evasión. Al menos en mi caso, la verde campiña de Poirot y Miss Marple me ayuda a olvidarme por unos momentos de la Ciudad de México asfixiada por los automóviles y el crimen. No me parece mal; una de las funciones de la literatura es el descanso y el relajamiento.

 

NI SANTOS NI SEMIDIOSES
Finalmente, una par de palabras sobre sus personajes. Ni Miss Marple ni Hércules Poirot son personajes impolutos. El detective belga es vanidoso casi hasta el ridículo. Cómo olvidar su bigotillo engomado, sus zapatos puntiagudos y la excesiva importancia que se da a sí mismo. Miss Marple es chismosa y entrometida. Son personalidades estilizadas, casi caricaturas. Pero esas ridiculeces los acercan al lector. No son héroes impolutos recubiertos de bronce; tampoco son individuos desgarrados interiormente. Beben jerez. Comen pasteles. Tienen amigos y manías. Su moralidad es, por así decirlo, burguesa, tradicional, anclada en los valores familiares y la decencia.

A pesar de que el cine y la televisión han creado personajes como el refinado doctor Lecter, el espectador promedio aspira a la sensatez. La sofisticación de Hannibal puede resultarnos atractiva por momentos; pero al final, el sentido común se impone.

 

EL HOMO SAPIENS Y EL MISTERIO POLICÍACO
Es difícil atrapar al lector y es admirable lograrlo ochenta veces. Las ochenta novelas de Christie son tesoros narrativos. Su autobiografía revela que parte de su éxito se debe al trabajo meticuloso: la talacha literaria. Su otro secreto: haber viajado o, para decirlo de una manera cursi, era una «mujer de mundo».

Pero me parece que la raíz más profunda de su éxito es tratar al lector como una persona inteligente: nos invita a resolver acertijos. «Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber», escribió Aristóteles. Por eso disfrutamos de los crucigramas, de los programas de Animal Planet y de las novelas de policías.

Agatha Christie. El best seller como epopeya
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