Trabajo como gerente de negocios en una empresa que vende equipo médico y hospitalario. Mi contrato especifica que únicamente debo explotar mi talento para atraer nuevos clientes a esta institución. Recientemente he atravesado por una buena racha, llevo algunos meses consiguiendo más clientes de los que la organización puede atender.

Tengo un colega, que también es mi amigo, que trabaja en el mismo rubro en una empresa de reciente creación. Su posición es similar a la mía, sin embargo no ha podido despuntar y ya tiene una advertencia. O llega a las metas planteadas antes de tres meses o pierde su empleo. Le comenté de mi buena racha y me ha pedido, como un favor muy especial, que le remita los clientes a los que yo no pueda atender; claro, con una pequeña comisión.

Si lo apoyo sin aceptar la comisión, ¿es una falta ética?

 

Los asesores sugieren

 

1

Cuando la obligación con la empresa prevalece

En una primera aproximación, éste se trata de un problema característico de conflicto de intereses. Por una parte está su responsablidad como gerente de negocios de la firma de ventas (conseguir nuevos clientes) y por otro, el interés personal de ayudar a su amigo (transferir clientes que su empresa no alcanza a atender). Ciertamente renunciar al beneficio de la comisión elimina la posible falta de rectitud de intención, no obstante, persiste el conflicto de intereses que es parte inherente del dilema planteado.

El problema ético de un conflicto de intereses se presenta con claridad cuando se trata de obtener un beneficio personal a costa de la empresa, cosa a la que usted renunciaría si efectivamente no acepta la comisión. Sin embargo, es importante esclarecer si existe un perjuicio para la empresa para la que usted trabaja, por el hecho de remitir clientes que son potenciales para el futuro, aun cuando no sea posible atenderlos de momento. De ser así, su obligación con la empresa prevalece por encima de la solidaridad con su amigo. Hay, adicionalmente, una última consideración importante: si el perjuicio para su empresa es improbable y resuelve ayudar a su amigo, déjele claro que tal apoyo no constituye un precedente para otra posible ocasión, ya que las circunstancias pueden cambiar de modo tal que no sería factible favorecerlo sin perjuicio para la empresa.

 

Tomás Viracocha

Consultor de Ética empresarial

 

2

La alianza, una posible solución

Esta situación tiene elementos de un conflicto de interés.  Por un lado, es darle un empujón a la competencia, por otro, es un modo distinto de atender a los clientes a los que con la propia empresa no se llega. Quizá una solución más integral sería plantear este escenario a los directivos de la empresa y encontrar un modo de aliarse con la otra organización para brindar un mejor servicio a los clientes. Si esto se hace con profesionalismo y transparencia se puede contribuir a una mejor situación que si se resolviera solamente «por debajo del agua».

 

Felipe Jiménez

Filósofo dedicado a la docencia

 

3

La amistad también es ética

El amor de amistad, según Aristóteles, busca el bien del amigo y ese valor es profundamente ético. Hacer lo que él te pide y aceptar una comisión podría ser poco honesto pues significaría lucrar con tu talento de manera alternativa y eso es contrario a la contratación que has hecho de ti mismo. Pero sin lucro, no se ve que sea formalmente contrario a lo que tienes especificado en ese contrato laboral.

Por otro lado, honrar tu amistad con ese compañero no va contra la ética, sino que la enaltece. Y por la misma amistad que los une, plantéate una meta a más largo plazo: hay que enseñar a pescar a ese compañero atrasado, y no sólo regalarle algunos peces que te sobraron. O bien, ayudarle a encontrar sus puntos fuertes y orientarlo a un área en la que pueda ser competitivo de verdad.

 

Armando Reygadas

Abogado especialista en Ética de Empresa

 

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