Es natural e incluso festejado que cada región tenga su endémica y muy particular manera de hablar. En cada lugar, los habitantes cultivan expresiones, dialectos y modismos dependiendo de sus circunstancias. Hablemos de cómo hablamos, curiosidades sobre la lengua y sus hablantes, de la colección Algarabía (2011), recolecta algunos de los modismos regionales más típicos del país, burlándose épicamente de los tabasqueños, por ejemplo.

En las tribus urbanas de esta nuestra bella metrópoli, ocurre lo mismo. Las palabras adquieren significados distintos dependiendo de la boca que las diga y así, halagos se convierten en insultos y viceversa.

En esta ocasión, quiero compilar el glosario básico de una especie urbana predominante de la sociedad mexicana, que además de mover la economía, ya cuenta con vocabulario y vestimenta característicos: el Godínez; estereotipo del trabajador de oficina en México.

El lenguaje oficinista siempre debe ser formal y educado; los memos recorren muchas máquinas en las grandes transnacionales, y pueden llegar a los ojos del jefe, del cliente, de la secretaria que te hace ojitos o del supervisor de sistemas, quien será siempre el espía ejecutivo por excelencia. Sin embargo, existe una carga semiótica impresionante en las formalidades del memorándum promedio, y es justo esto lo que les quiero compartir:

A quien corresponda /el que suscribe: Una de dos, o no se sabe el nombre a quien uno se está dirigiendo, o hay dudas en la ortografía de su apellido. Cuando la ignorancia nos abruma, o queremos mantenernos al margen de una situación, aplicamos el anonimato burócrata de esta expresión Godínez.

Por medio de la presente: Como si no fuera suficientemente obvio, que se emite un mensaje con una intención específica, y que si alguien lo recibe es por un acto premeditado, nos esforzamos en recordar el propósito de nuestro texto. Me pregunto si alguien especificará alguna vez «por medio del documento que le llegará en dos días…»

Estimados: Es la primera formalidad de una carta oficial, ya que no le puedes decir «querido» a un nuevo cliente, y mucho menos al tirano de tu jefe, sin embargo, un «estimados» siempre resolverá el problema, ocultando tu desprecio, sin asfixiar con atenciones a quien sí te agrada.

De la manera más atenta: Como si fuera necesario hacer hincapié que no tienes confianza con tu lector, expresas tu detalle más alto de formalidad casi aristocrática para aludir a un completo desconocido, y encima tener la audacia de pedirle algo.

De antemano, gracias: «Quiero decirte que necesito con extrema urgencia lo que te pedí, y necesito que te apures a entregármelo, y no tengo tiempo para quedar bien contigo y convencerte de que me des prioridad».

Sin más por el momento: Se aplica para cuando ya no se tiene nada que decir, pero es probable que el resto del mensaje sea algo exigente y desconsiderado. Este recurso de la literatura Godínez permite cerrar un texto sin compromiso, con educación, y dejando una ventana abierta para futuras consultas, pero sin encuerarse del todo.

Quedo de usted (SSS): 1 Es otro cierre, en mi opinión algo forzado, pues estás avisándole a tu lector que estás terminando la carta, como disculpándote por la falta de elocuencia y denota que esperas que alguien te conteste. Es una manera efectiva y sigilosa de tirarle la bolita a su cancha, y forzar una réplica.

Sin más por el momento, quedo de ustedes de la manera más atenta, esperando ver una sonrisa en los labios de quien corresponda, ya que la que suscribe busca simplemente entretener. (SSS)

 

 

Nota final

1          Su Seguro Servidor: Cayó en desuso en algún momento de los últimos 30 años, pues se pasaba demasiado rápido de una adecuada atención a un exagerado servilismo. Seguro algún dinosaurio en tu empresa, o algún bohemio romanticón todavía lo use; incluso, aplica para echarle una flor a ese tan prohibido idilio de oficina con el que fantaseas.

 

 

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