Desde Monterrey, José Manuel Basave Benítez, director de Comunicación Corporativa y Responsabilidad Social de AXTEL, habla sobre lo que le falta a las empresas mexicanas en el renglón de la responsabilidad y cómo esta visión se debe contagiar en sentido horizontal y vertical.

En México, las encuestas indican una y otra vez, que el prestigio de la empresa y los empresarios en la percepción de la población es bajísimo. ¿A qué considera que se deba esto?, ¿cómo mejorar esa situación?

Lamentablemente vemos en los medios, cada vez con más frecuencia, la publicación de casos en los que se denuncia a empresarios por actos de corrupción, fraude, vinculación con negocios ilícitos, evasión de impuestos y todo tipo de irregularidades. Aunque no debemos generalizar este tipo de comportamiento, tampoco podemos negarlo y me parece que eso ha hecho que descienda el índice de confiabilidad de los empresarios en nuestro país.

En este sector, como en cualquiera que asomemos la lupa en el mundo, tenemos siempre dos principales corrientes, la positiva y la negativa. El empresario que describí es el negativo; sin embargo, afortunadamente existe una contraparte, y me refiero a aquellos que ponen al cliente y a su país como principal motor.

Es esta corriente de empresarios, que cumplen su responsabilidad social como ciudadanos individuales y corporativos, la que puede hacer que mejore no únicamente la percepción de su sector en el país, sino también ayudar a expandir su filosofía entre los demás.

Si la sociedad exige cada día más a la empresa, ¿cree que es necesario crear una nueva cultura empresarial?

No creo que se necesite crear una nueva cultura de cero, pues en México y particularmente aquí en Monterrey, tenemos grandes ejemplos de empresarios responsables con su comunidad, quienes han sido clave para el desarrollo, no sólo de sus ciudades sino del propio país; yo diría que lo que necesitamos es que esa cultura se expanda cada vez más.

Ciertamente, los tiempos que vivimos, en los que la comunicación y la información prácticamente no tienen límites, empujan a las empresas a un comportamiento más recto y a rendir cuentas de manera adecuada a todos sus stakeholders.

Aquellos empresarios que hacían sus negocios personales a costa de la empresa, pensando que podrían seguir adelante sin que nadie se diera cuenta, ahora tienen que pensarlo dos veces antes de continuar con esas prácticas. Nos basta con ver casos tan sonados como el de Enron para darnos cuenta que el impacto negativo de estas acciones puede ser global.

De igual manera, este mundo globalizado permite que las prácticas positivas también puedan tener un impacto global y ser ejemplo para otros, la diferencia está en optar por el beneficio de muchos, en lugar de uno solo.

Dice el investigador Robert Putnam que el bienestar de una población no depende tanto de la riqueza, el nivel de educación o sus recursos naturales, como del grado en que la confianza, la solidaridad y el compromiso con los demás se encarne en una comunidad. ¿Qué papel juega la empresa en la construcción de esta nueva sociedad civil que requiere México?

El trabajo de Robert Putnam es muy interesante, porque induce a ver y valorar el capital social, como pieza clave para ayudarnos a avanzar en nuestros objetivos, más allá del capital económico.

Coincido totalmente y creo que en México tenemos muchos ejemplos a diario, basta mencionar el caso de la reacción solidaria del pueblo mexicano para ayudar a los afectados por el terremoto de la ciudad de México, en 1985.

La empresa juega un rol importantísimo como formadora, ya que es la unidad nuclear de uno de los tres sectores primordiales de la sociedad, el sector privado. Es ejemplo para todos sus stakeholders, incluyendo a su competencia. Es un ente que con su actuar influye en sus colaboradores, sus familias, sus proveedores y clientes y en la sociedad en general.

La calidad de una empresa se da por la competencia de sus miembros, su eficiencia, capacidad para permanecer en el mercado y producir riqueza. Su calidad civil, en cambio, surge cuando promueve en todos sus niveles, el respeto a los demás, la confianza mutua, la responsabilidad, el sentido del deber, la solidaridad, en fin: «lo humano». ¿Cómo pueden las empresas incluir en su agenda estos valores?

Como hemos comentado, existen empresarios con esta «calidad civil», que hacen de ella una forma de vida en sus empresas, por ahí es por donde necesitamos empezar.

No olvidemos que las empresas, como cualquier otra institución social, están formadas por individuos y somos cada uno de nosotros, los que con nuestra actitud y pensamiento formamos el corazón. Si tomamos esto en cuenta, está claro que donde necesitamos empezar a trabajar es con las personas.

Sabemos que las transformaciones culturales toman tiempo pues requieren cambios de fondo y para que logren ser absorbidos y asimilados como parte de cada uno, muchas veces se requiere mínimo una generación para ver el cambio cultural.

Sin embargo, avanzamos mucho cuando una empresa nace con una filosofía de respeto y responsabilidad social, cuando todo su actuar está permeado de esta manera de pensar. Vemos en esos casos que no hay cabida para personas que piensen diferente y lo que sucede muchas veces es que cambian y se transforman en personas que, tanto dentro como fuera de la empresa, viven con una conciencia social mucho mayor.

Si una empresa desea ser realmente cívica, al contratar a su personal, ¿deberá tomar en cuenta que sean hombres y mujeres que cuenten con ciertas virtudes para que la compañía pueda poner en práctica lo que desea?

Ciertamente, una empresa socialmente responsable tiene principios y filosofía muy bien definidos y es normal que busque que sus colaboradores los compartan. Es muy común observar que las personas buscan trabajar en empresas que son afines a ellas y por otro lado, que las empresas buscan a personas que comulgan con sus ideas y valores.

Sin embargo, como comentaba anteriormente, es interesante observar casos en los que la fuerza de la cultura de una organización logra transformar positivamente a una persona, que quizás no compartía de inicio todos los principios de la empresa.

Me parece muy valioso el intercambio de ideas que se da tanto del colaborador hacia la empresa, como de la empresa hacia sus colaboradores. No debemos olvidar que las empresas son entes vivientes, en constante transformación, y todos sus elementos forman parte de la cultura que se crea y transforma en todo momento.

Lo importante aquí es tener claros los principios como un ciudadano corporativo responsable, los cómos se van transformando con el tiempo.

Las empresas trasnacionales y nacionales más grandes han entendido bastante bien que la responsabilidad social es un elemento indispensable para sostenerse, pero, ¿cómo lograr que lo hagan suyo también las medianas y pequeñas?

La responsabilidad social de una empresa tiene muchas aristas y me parece que, incluso en muchas empresas grandes, estamos todavía en las primeras etapas de esta nueva cultura.

Precisamente, una característica de ser socialmente responsable, incluye trabajar con toda la cadena de valor, de manera que la filosofía permee tanto a proveedores como a clientes.

Una manera de «contagiar» a las pequeñas y medianas empresas es hacer programas para irlas introduciendo poco a poco. Aquellas Pymes que son proveedoras de grandes empresas socialmente responsables, poco a poco pueden ir introduciendo esta filosofía asesoradas por las grandes.

¿Puede hablar sobre la forma en que se conciben en AXTEL estos temas y cómo se viven?

AXTEL es una empresa que desde sus inicios ha implantado acciones de responsabilidad social y esto se debe a la forma de pensar de sus dirigentes.

La naturaleza misma de la empresa es un ejemplo de responsabilidad con la comunidad, pues ayuda a democratizar las decisiones de los consumidores mexicanos al momento de querer adquirir servicios de telecomunicaciones. La existencia de AXTEL ayuda a ofrecer opciones que antes no existían.

Además, nuestra tecnología es preponderantemente inalámbrica, por lo que evitamos la tala de árboles y el consumo de cable para la instalación de postes.

Por otro lado, en AXTEL siempre nos ha interesado tener un impacto positivo en las comunidades en las que operamos, por lo que nos involucramos en el apoyo a proyectos sociales locales.

En 2005 creamos la Fundación AXTEL y a través de ella canalizamos este apoyo a la comunidad. Además, trabajamos para promover esta cultura de responsabilidad social entre los colaboradores y sus familias a través del Programa de Voluntariado Corporativo.

Constantemente buscamos mejorar la calidad de vida de nuestros colaboradores, por lo que damos un valor especial a su desarrollo humano y el de sus familias.

Naturalmente, somos conscientes de que aún tenemos mucho camino por recorrer en la ruta de la responsabilidad social corporativa, sin embargo, nos sentimos satisfechos de tenerlo como prioridad y estar dando los pasos adecuados para ser un buen ejemplo en el tema.

Redacción istmo

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