La liberación femenina y la decadencia de la comida mexicana | Revista ISTMO
  04 de febrero de 2012  / Suscríbete a nuestro Newsletter Suscríbete a nuestro Newsletter
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La liberación femenina y la decadencia de la comida mexicana

Autor: Héctor Zagal
Edición:
Sección: Las manías de Zagal

Me temo que con este artículo me ganaré algunas enemigas, comenzando por mi hermana y mis primas. Una de las pocas ventajas de carecer de posibilidades de ganar el Nobel es que puedo faltar a la corrección política.

Vayamos al grano. La buena mesa requiere tiempo en la cocina. Quizá para los ricos el futuro gastronómico no sea siniestro; ellos pueden pagar cocineras y catering. ¡Ah! ¡Pero en la clase media la dinámica es muy distinta! Tradicionalmente, las madres gastaban la mañana limpiando la casa y preparando los alimentos para la familia.

Preparar frijoles de la olla, para no ir más lejos, requiere de mucho tiempo. Cuando era chico, mi madre me ponía junto con mi hermana a limpiar los frijoles en la mesa de la cocina; la verdad es que sabía motivarnos, pues nos instaban a jugar competencias para ver quién ganaba encontrando más piedritas. Dulce inocencia infantil. Como los frijoles no se compraban en el súper –su frescura nunca se compara con los del mercado– esta minuciosa tarea resultaba absolutamente imprescindible para no ir a dar al dentista con un molar roto.

Los frijoles eran bayos. El negro se reservaba para el frijol con puerco, un especie de puchero, de reminiscencia yucateca que mi madre servía con una picadura de rábanos, cilantro fresco y chile verde. Los frijoles negros no gozaban de reputación social en casa. Para mi padre, quien padeció hambre en la infancia, frijoles negros y café eran sinónimo de estrechez económica.

Mi abuelo Bardomiano, minero en la sierra de Guerrero, murió de silicosis, con los pulmones destrozados, sin seguro social, cuando mi papá tenía unos siete años. Mi abuela Emilia se quedó con siete hijos, hundidos en la miseria. ¿Les suena la historia de mineros sin prestaciones sociales?

El caso es que después de limpiar los frijoles se ponían a cocer en la olla express con una cebolla, una pizca de sal y unas gotas de aceite. En la suavidad se reconoce su frescura. Cuando son de buena calidad, recién traídos de Sinaloa, el resultado es espectacular: un caldo de frijoles con tortillas es una cena en forma. Pero el proceso es laborioso. Por ello los frijoles en lata y en hojuela se han apoderado de las cocinas mexicanas.

ASPIRACIONES PORFIRIANAS

Mi abuela materna, María Amelia, fue criada por tres tías de aspiraciones porfirianas: Cuca, Maca y Lupe. Tenían el suficiente dinero para comprar ropa en Francia y para referirse a la esposa de Porfirio Díaz como «Carmelita», pero no eran tan ricas como para vivir en la colonia Roma de la capital. La fortuna de las tías abuelas provenía de un rancho –jamás le llamaron hacienda– allá por el rumbo de Parras, en la Comarca Lagunera.

De ellas, mi abuela aprendió sus mejores recetas, como la galantina, una maravillosa mezcla de carne de res, cerdo y pollo, molida con especies y prensada hasta lograr una masa compacta, en forma de rollo, que se rebanaba y se servía fría, con gelatina de jerez, para cenas «informales».

Aunque las tías eran bastante consentidoras con la abuela, alguna vez la castigaron obligándola a preparar cajeta. Antes de la existencia de Coronado, la cajeta se hacía en casa. Se ponía a hervir la leche de cabra con azúcar; había que removerla durante horas y horas con una pala de madera hasta que se quemara sin pegarse a la olla. No era raro que la leche en ebullición salpicase a la cocinera. La cocina exige paciencia y resignación frente a los fogones.

COMIDA CASERA TIPO MARUCHAN

La parafernalia de comida instantánea es la consecuencia de la ausencia de mujer en casa. La sopa Maruchan, recién salidita del microondas, sustituye la sopa de fideos y de estrellitas.

El difunto Giorgio D’Angeli me hizo notar que las sopas aguadas de pasta se preparan en México de una manera original: friendo la pasta antes de cocerla. ¿Nunca nos acercamos a la olla donde chisporroteaban los fideos para robarnos uno? Cuando los fideos comienzan a pintarse de café, es el momento de agregar el puré de jitomate, molido en casa. Salta, indignado y brioso, el líquido rojo al contacto con el aceite. Un poco más de cocimiento. Luego, se agrega el caldo, previamente hecho con guacales de pollo. Las sopas aguadas, emblema de la comida casera mexicana, deben prepararse… en casa.

Una vez incorporada la mujer en la tecnoestructura, se acabaron las salsas en molcajetes, el niño envuelto, el arroz a la mexicana con chicharitos y zanahorias picadas. La vida es cruel. El culto a la velocidad y la inserción de la mujer en la esfera pública arrumbó los molcajetes en los museos de arqueología. Ninguna de mis estudiantes de Filosofía, por ejemplo, sabe cómo se cura un molcajete nuevo.

LA COCINA ES ASUNTO DE DOS

La cocina, arte doméstico por excelencia, se conserva y se transmite en el hogar. En Nochebuena, se prepara en mi casa el «picadillo de fiesta» tal y como mi abuela los aprendió de las tías. Y lo mismo con el cocido, ese estupendo caldo de res con verduras, tuna agria, manzana y membrillo, variación mexicana de una receta que nos remonta a la olla podrida que comía Alonso Quijano antes de perder la razón. El cocido, a decir de mi abuela, se servía diariamente en la mesa de las tías: entre la sopa y el guisado.

Las costumbres gastronómicas arraigan profundamente, porque se adquieren en la infancia, a la par que el lenguaje. Cuando pienso en mi abuela, evoco el olor del comino del cortadillo norteño, el aroma de las castañas asándose para el picadillo de Nochebuena, el perfume de los membrillos.

Por supuesto, la mujer tiene el mismo derecho que el varón a participar en la vida pública. No es una esclava. Defiendo con fervor la equidad de género. Sin embargo, de alguna manera hemos de suplir la ausencia de la mujer en la cocina. Son los más vulnerables –los niños y niñas, los ancianos, los enfermos– quienes más resienten la falta de quien les cocine la sopa de estrellitas o los caldos sustanciosos y reparadores.

Hogar viene del fuego que daba calor a la casa y donde se preparaba la comida de la familia. Ahí, en la sobremesa, entre los trastos, se ama, se ríe, se llora, se riñe. Tal vez, parte de la solución, consista en que los varones nos pongamos a cocinar. En el México conservador y machista, los hombres nos resistimos a involucrarnos en la preparación de la comida. El cuidado del espacio doméstico es asunto de dos. Me apena pensar que, al paso que vamos, los aromas infantiles que recordará la próxima generación serán los  de Ronald McDonald.

Comentarios
10 Comentarios en “La liberación femenina y la decadencia de la comida mexicana”
  1. juan navarrete Dijo:

    Un articulo muy bien sazonado, desde la zona centro del estado de Guerrero donde aun cocinamos algunos hombres con la tradición de la abuela.

    Por ejemplo, una barbacoa de cabeza de cerdo sobre una cama de lechuga fresca, uuuunhhh y como aperitivo un buen mezcal de la región.

    Solo por mencionar uno.

    Provechito !!

  2. Ana Rosa Pallach Dijo:

    Excelente reflexión, es una pena que estemos alejándonos de la cocina, esta “dichosa” liberación femenina está provocando estragos en muchos diferentes frentes de la familia, y por consiguiente, de la sociedad.
    Felicidades por este bello artículo.

  3. Claudia Fernández Dijo:

    Es terrible que se piense que por el hecho de que las mujeres somos parte del mundo laboral, la calidad de la comida en los hogares ha disminuido. Aunque tú mencionas en el último párrafo del artículo que los hombres tienen que participar, cabe preguntar ¿por qué nos quedamos con la idea de que únicamente son las mujeres las que tienen la obligación de preparar los alimentos? ¿Por qué los hombres de la familia no le entran a esta tarea y descubren lo maravilloso que es combinar diferentes tipos de alimentos para conseguir un sabor especial?

    Si las mujeres y los hombres trabajamos, es justo que se compartan las responsabilidades y aunque uno de los dos no trabaje (ojo, sea mujer u hombre), es importante que se reconozca la participación que tienen en las tareas domésticas que nunca es remunerada.

    En tu comentario, no sólo dices que las mujeres tenemos que encargarnos de cocinar, sino también hacernos responsables de cuidar a los niños y los adultos mayores de la familia y esos son estereotipos que tenemos que tratar de vencer, pues si no seguimos favoreciendo que las mujeres tengamos dobles y triples jornadas y los hombres se pierden de espacios de convivencia con sus hijos y familiares en los que pueden expresar sus sentimientos sin que se les tache de débiles o mandilones.

    Si bien es cierto, en la actualidad muchos hombres colaboran en las tareas de la casa, en el cuidado de los niños y familiares mayores y también en la preparación de alimentos, aunque este porcentaje es menor y sería importante propiciar espacios para compartir y convivir en familia.

    Preparar la comida juntos, hombres y mujeres puede ser una tarea divertida: aprendes a trabajar en equipo y disfrutas del logro alcanzado. Por supuesto, esto resulta difícil con las jornadas de trabajo y los periodos para desplazarse del trabajo a la casa, pero vale la pena hacer de vez en cuando el esfuerzo y sería bueno que en el espacio que tienes pudieras fomentar este tipo de comportamientos.

    Tú tienes un espacio muy bueno desde el cual puedes propiciar la reflexión de las personas que te leen y el hecho de reflexionar no tiene que ser aburrido.

  4. Ma. Cristina Curcó D. Dijo:

    Excelente artículo.

    Gracias por la remembranza. cierto que la comida de las abuelas era deliciosa, todavía me tocó comer de los alimentos cocinados en la estufa de leña de mi abuela.

    Trabajo dentro y fuera de mi hogar. Me gusta cocinar, pero sobre todo cosas que no requiera atención y tiempo. Bendita “Olla de cocido lento”, le pones lo que quieras y sigues con tu ritmo, desde barbacoa de lengua, hasta los frijoles que luego los mueles con la picadora eléctrica manual, y ya .

    Hoy en día hay muchas formas de cocinar rápido, sabroso, nutritivo y sin perder tanto el tiempo. Lo que pasa es que antes se iban por el camino largo.

    Felicidades Cristina.

  5. Lupita Acosta Dijo:

    Algo que me gustaría comentar es que no todo es decadencia, aludiendo al título del artículo, antes no habia ningún estudio de colesterol, carbohidratos, etc. antes las comidas tenían mucho aceite, manteca… grasa. Hoy gracias a los estudios en nutrición la meta es lograr una comida balanceada, y hay familias que si nos preocupamos por eso; por incluir más frutas y verduras en nuestras compras; y que no cocinamos tal vez como la abuela por que no queremos que nos dé diabetes como a ella le dió por comer tantas harinas, azúcares. También hay que ver lo positivo de las nuevas dietas alimenticias.

  6. Rodolfo Salazar Dijo:

    Completamente de acuerdo con Claudia Fernández.

    Me gustó mucho el artículo, en tanto rescata el placer de cocinar y comer. Justo anoche platicábamos un grupo de amigos y amigas acerca de la importancia que ha tenido el compartir la mesa y la preparación de los alimentos en el disfrute de nuestra amistad. Una parte de la cena había sido cocinada por mí, y otra por mi compañera.

    Lo que me parece pobre del artículo es que se centra en la inserción de las mujeres en la vida pública, como causa directa de los cambios en los hábitos alimenticios, y no se reflexiona acerca de, por ejemplo, los procesos de industrialización de los alimentos, o las extenuantes jornadas laborales remuneradas de manera tan pobre. Nada más falso que la siguiente afirmación: “La parafernalia de comida instantánea es la consecuencia de la ausencia de mujer en casa”.

    No entender las reflexiones relacionadas con la equidad de género lleva al autor a una afirmación completamente innecesaria en el siglo XXI, y en una revista de este tipo. La mujer, dice el autor, “no es una esclava”. ¿En serio? Que bueno que nos informa.

    Pero justo al final se rescata la contradicción en que se encuentra el autor, manteniéndola, y por tanto manteniendo vivo el texto: “El cuidado del espacio doméstico es asunto de dos”. Ese me parece un mejor tema para un artículo que de paso toque, con el gusto y gracia que se leen, los placeres de la cocina.

  7. Coordinación Dijo:

    Los invitamos a leer también el artículo Sobran estereotipos del mismo autor. Saludos cordiales.

  8. Miguel Angel Martínez Dijo:

    Excelente Articulo Dr. Zagal.

    Lamentablemente no puedo coindicidir con el comentario de Lupita Acosta, ya que a pesar de que como bien comenta, actualmente se cuenta con una gran cantidad de estudios y campañas enfocadas a llevar a cabo una dieta balanceada, las estadisticas reales muestran indices de desnutición y obesidad nunca antes vistos, sobre todo en nuestros niños, y esto es precisamente por esa desatención que “involuntariamente” nos hemos dado por cometer a la hora de darles de comer, no de alimentarlos, tanto hombres como mujeres nos vamos por el camino facil, el de la comida chatarra o de la facinación de comer en la calle, por parte de los mas pudientes, lo cual no solo no garantiza una buena nutrición, sino ademas termina con la sana convivencia familiar que se tenía en las familias de antaño, o si no respondan esta simple pregunta en torno a nuestro propio hogar; ¿actualmente, existe la hora de la comida?, ¿como va a ser si nunca estamos juntos?, para un Servidor, la decadencia de la comida mexicana es directamente proporcional a la de la convivencia de la familia mexicana.

    Un abrazo.

  9. Beatriz Hikichi Enríquez Dijo:

    Me gustó el artículo Dr, Zagal. Soy una mujer actual, es decir, estoy a favor de la igualdad de los géneros, y estudié para poder trabajar fuera de casa, es decir percibir un sueldo que con esto proporcione a mi familia un mejor bienestar y mejor calidad de vida; pero en la parte de la cocina, no dejo de sentir un deleite al cocinar para mi familia y cocinar lo digo en toda la extensión de la palabra, mi mamá me enseñó lo más escencial que puede saber una persona para emprender esta carrera deliciosa de conocer sabores, texturas y olores que como se dice muchas veces nos remontan a nuestra infancia o un recuerdo en especial.

    Las sopas, escencial realizarlas como se debe, la rica salsa en molcajete, no olvidarla nunca y punto importante, cada cocina mexicana debe de tener un buen molcajete, cuando yo me casé mi mamá me obsequió un pequeño molcajete….lo utilizo….claro….mi hijos y mi esposo, los mas congratulados….”la salsa en molcajete tiene un sabor único”.

    No dejar morir una tradición mexicana, cocinar con productos lo mas frescos posible, en mi casa…su casa, se come caseramente y fines de semana aún mas, sopa, arroz, guisado (incluyendo una deliciosa y fresca ensalada) agua fresca de frutas de estación y postre no se debe de olvidar.

    La satisfacción que tiene uno, es que los comensales queden realmente satisfechos y te digan…..”qué rica estuvo la comida de hoy, gracias”……y en muchas ocasiones repitan plato…..se vale. buen día.

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